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Belleza Sin Dolor – Revista Digital | Sólo el 30 por ciento de los pacientes sigue los cuidados tras un infarto

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La prevención secundaria cardiovascular, es fundamental para todos aquellos pacientes que ya han tenido un infarto, a fin de evitar el riesgo de que vuelva a ocurrir, sin embargo, el grave problema que estamos enfrentando, de cara a la pandemia del COVID-19, es que la gente está llegando a los hospitales en promedio 48 horas más tarde después de ocurrido el evento, “cuando ya no pueden respirar y prácticamente están al borde de la muerte”, señaló la doctora  Andrea Núñez, cardióloga clínica del Centro Médico Dalinde.  

Aunado a los 100 mil fallecimientos por COVID-19, dijo en entrevista con Crónica, se podría sumar una buena cantidad de personas que también pierdan la vida por un infarto ante el miedo de ir al hospital “y lo más lamentable es que estamos hablando de eventos que bien pudieran haber sido tratados en los hospitales, pero los pacientes tienen miedo y se están quedando en casa, y es ahí en donde están muriendo”, en el hogar por el miedo de ir al hospital.  

En este mismo sentido, la especialista precisó que el infarto ocasiona la pérdida de tejido, con lo que, si el paciente no llega al hospital dentro de las primeras horas de ocurrido el evento “los médicos ya no podemos hacer nada por recuperar ese tejido muerto”.  

Resaltó que la situación es de tal impacto, que incluso en Estados Unidos, la American Heart Association (Asociación Americana del Corazón), acaba de sacar la campaña “No Mueras de Miedo, porque la gente tiene dificultad para respirar, presenta dolor de pecho, pero tienen miedo de que pudiera tratarse de COVID y no están yendo a los hospitales”.  

 

CULTURA DEL AUTOCUIDADO  

 

La cardióloga Andrea Núñez mencionó que la falta de una cultura del autocuidado lleva a que el 45 por ciento de los pacientes que han sufrido un infarto y tenían el hábito del tabaco, continúan fumando después de ocurrido el evento.  

En cuanto a quienes siguen el tratamiento al pie de la letra dos años después de haber sufrido el infarto es apenas del 30 por ciento, “con lo que tenemos un problema muy importante en donde la gente tiene argumentos como de que no les gusta tomar tantas medicinas, y la verdad es que no existen muchas o pocas medicinas sino que son exactamente las que el paciente necesita”.  

“Yo les pongo de ejemplo de que no vamos con el oftalmólogo y le decimos ´póngame poquita graduación´, sin embargo desafortunadamente a veces nos cuesta mucho trabajo llevar este mensaje a los pacientes”.  

Un paciente que ya tuvo un infarto va a requerir en promedio cinco pastillas el resto de su vida, a veces pueden ser combinadas y se logra reducir la cantidad de tomas, pero lo peor es la falta de apega al tratamiento, aún a sabiendas de que ese tratamiento los va a proteger y van a reducir la probabilidad de un evento y el riesgo de muerte, y ni así continúan con el tratamiento.  

La especialista advirtió que “después de haber tenido un infarto las probabilidades de tener un segundo evento son muy altas, y si ya se tuvo un primer infarto, la gente no debe perder de vista que esto no es algo aleatorio ni accidental, es decir es un evento agudo, resultado de una acumulación de factores de riesgo y hay que cuidarse.  

La palabra infarto significa muerte de tejido de tal manera que se puede presentar un infarto cardíaco, o cerebral, o en una pierna que puede terminar en gangrena, y cada vez que se nos muere tejido éste ya no se recupera como antes por lo que es indispensable no seguir perdiendo tejido.  

Ante tal situación, subrayó que la enfermedad cardiovascular es la de mayor prevalencia a nivel mundial, y es la causa número uno en el mundo y en México, en donde el principal problema que tenemos los mexicanos es que somos obesos, aunado al hecho de que hay una falta de conciencia respecto a esta enfermedad.  

A partir de los 65 años una de cada 90 mujeres va a fallecer de cáncer de mama, sin embargo, lo grave es que una de cada tres van a morir por un infarto, con lo que podemos observar que este comienza a ser un grave problema, si se toma en cuenta que el 45 por ciento de la población muere de un problema cardiovascular.  

 

EVITAR FACTORES DE RIESGO  

 

En este contexto, mencionó que la prevención secundaria se enfoca a controlar factores de riesgo como presión arterial y diabetes en control, así como sobrepreso u obesidad, realizar algún tipo de actividad física diaria, ésta en estricto apego a las instrucciones del cardiólogo, así como la toma de algunos medicamentos que está demostrado disminuyen el riesgo de un nuevo evento cardiovascular.  

Ello, debido a que en la actualidad, un infarto no es un riesgo propio de personas de la tercera edad, sino que comienza a afectar a los adultos a partir de los 40 años, resultado de una serie de factores de riesgo como una vida sedentaria, sobrepeso, obesidad, tabaquismo así como procurar una alimentación saludable y evitar los alimentos ultraprocesados.  

“La realidad es que tenemos mucha población que tienen su primer evento alrededor de los 40 años y si se toma en cuenta la expectativa de vida, de más o menos de 70 años, entonces, aprender a cuidarse desde temprana edad cobra mayor relevancia, para llegar a la vejez en las mejores condiciones de salud posibles”, sostuvo.  

Aunque también hay que tomar en cuenta otro tipo de factores de riesgo como herencia con familiares que ya se han infartado y son considerados como de mayor riesgo cuando este tipo de eventos ocurren antes de los 50 años en hombres, o antes de los 60 en mujeres.  

“El tabaquismo es uno de los peores factores de riesgo, porque muchas veces la gente empieza a fumar en edades tempranas, y por ejemplo si una persona a los 40 años tiene un infarto, pero comenzó a fumar desde los 15 años, ya tiene 25 años con ese hábito que lo hace un factor de riesgo grave”.  

Ante tal panorama, el llamado es a que la gente que ya ha tenido un infarto, aún en el confinamiento procure llevar una alimentación saludable, tomar las pastillas de su tratamiento con estricto apego, de ser posible realizar alguna actividad física dentro de casa, siempre bajo la instrucción de su médico especialista a fin de minimizar los riesgos y ante cualquier malestar, bajo las medidas de precaución necesarias no dejar de ir al médico, ya que una visita oportuna, puede significar la diferencia entre la vida y la muerte, sentenció.